Sobrinos, dadme los brazos,
590y
creed, pues que leales
a mi precepto amoroso,
venís
con afectos tales,
que a nadie deje quejoso,
y los
dos quedéis iguales.
595Y así,
cuando me confieso
rendido al prolijo peso,
sólo
os pido en la ocasión
silencio, que admiración
ha de pedirla el suceso.
600Ya sabéis
(estadme atentos
amados sobrinos míos,
corte
ilustre de Polonia,
vasallos, deudos y amigos),
ya
sabéis que yo en el mundo
605por mi ciencia he merecido
el sobrenombre de docto;
pues, contra el tiempo
y olvido,
los pinceles de Timantes,
los mármoles
de Lisipo,
610en el ámbito del orbe
me aclaman
el gran Basilio.
Ya sabéis que son las ciencias
que más curso y más estimo,
matemáticas
sutiles,
615por quien al tiempo le quito,
por quien
a la fama rompo
la jurisdicción y oficio
de
enseñar más cada día;
pues cuando
en mis tablas miro
620presentes las novedades
de los
venideros siglos,
le gano al tiempo las gracias
de
contar lo que yo he dicho.
Esos círculos de nieve,
625esos doseles de vidrio,
que el sol ilumina a rayos,
que parte la luna a giros,
esos orbes de diamantes,
esos globos cristalinos,
630que las estrellas adornan
y que campean los signos,
son el estudio mayor
de mis años, son los libros
donde en papel de
diamante,
635en cuadernos de zafiros,
escribe con líneas
de oro,
en caracteres distintos,
el cielo nuestros
sucesos,
ya adversos o ya benignos.
640Estos leo tan veloz,
que con mi espíritu sigo
sus rápidos
movimientos
por rumbos y por caminos.
¡Pluguiera al
cielo, primero
645que mi ingenio hubiera sido
de sus
márgenes comento
y de sus hojas registro,
hubiera
sido mi vida
el primero desperdicio
650de sus iras, y
que en ellas
mi tragedia hubiera sido,
porque de
los infelices
aun el mérito es cuchillo,
que
a quien le daña el saber,
655homicida es de sí
mismo!
Dígalo yo, aunque mejor
lo dirán
sucesos míos,
para cuya admiración
otra
vez silencio os pido.
660En Clorilene, mi esposa,
tuve
un infelice hijo,
en cuyo parto los cielos
se agotaron
de prodigios,
antes que a la luz hermosa
665le diese el
sepulcro vivo
de un vientre, porque el nacer
y el
morir son parecidos.
Su madre infinitas veces,
entre
ideas y delirios
670del sueño, vio que rompía
sus entrañas atrevido
un monstruo en forma
de ho[m]bre,
y entre su sangre teñido
le daba
muerte, naciendo
675víbora humana del siglo.
Llegó de su parto el día,
y los presagios
cumplidos
(porque tarde o nunca son
mentirosos los
impíos),
680nació en horóscopo tal,
que el sol, en su sangre tinto,
entraba sañudamente
con la luna en desafío;
y siendo valla la tierra,
685los dos faroles divinos
a luz entera luchaban,
ya que no a brazo partido.
El mayor, el más horrendo
eclipse que ha padecido
690el sol, después que
con sangre
lloró la muerte de Cristo,
éste
fue, porque, anegado
el orbe entre incendios vivos,
presumió que padecía
695el último parasismo.
Los cielos se escurecieron,
temblaron los edificios,
llovieron piedras las nubes,
corrieron sangre los ríos.
700En este mísero, en este
mortal planeta o
signo,
nació Segismundo dando
de su condición
indicios,
pues dio la muerte a su madre,
705con cuya fiereza
dijo:
«Ho[m]bre soy, pues que ya empiezo
a pagar
mal beneficios.»
Yo, acudiendo a mis estudios,
en ellos
y en todo miro
710que Segismundo sería
el hombre
más atrevido,
el príncipe más crüel
y el monarca más impío,
por quien su
reino vendría
715a ser parcial y diviso,
escuela
de las traiciones
y academia de los vicios;
y él,
de su furor llevado,
entre asombros y delitos,
720había
de poner en mí
las plantas, y yo rendido
a sus pies me había de ver
(¡con qué congoja
lo digo!),
siendo alfombra de sus plantas
725las canas
del rostro mío.
¿Quién no da crédito
al daño,
y más al daño que ha visto
en su estudio, donde hace
el amor propio su oficio?
730Pues dando crédito yo
a los hados, que adivinos
me pronosticaban daños
en fatales vaticinios,
determiné de encerrar
735la fiera que había
nacido,
por ver si el sabio tenía
en las
estrellas dominio.
Publicóse que el Infante
nació muerto; y, prevenido,
740hice labrar una torre
entre las peñas y riscos
desos montes, donde
apenas
la luz ha hallado camino,
por defenderle la
entrada
745sus rústicos obeliscos.
Las graves
penas y leyes,
que con públicos editos
declararon
que ninguno
entrase a un vedado sitio
750del monte, se
ocasionaron
de las causas que os he dicho.
Allí
Segismundo vive
mísero, pobre y cautivo,
adonde
solo Clotaldo
755le ha hablado, tratado y visto.
Éste
le ha enseñado ciencias;
éste en la ley
le ha instrüido
católica, siendo solo
de
sus miserias testigo.
760Aquí hay tres cosas: la una
que yo, Polonia, os estimo
tanto que os quiero
librar
de la opresión y servicio
de un rey tirano,
porque
765no fuera señor benigno
el que a su
patria y su imperio
pusiera en tanto peligro.
La otra
es considerar
que si a mi sangre le quito
770el derecho
que le dieron
humano fuero y divino,
no es cristiana
caridad;
pues ninguna ley ha dicho
que por reservar
yo a otro
775de tirano y de atrevido,
pueda yo serlo,
supuesto
que si es tirano mi hijo,
porque él
delitos no haga,
vengo yo a hacer los delitos.
780Es la
última y tercera
el ver cuánto yerro
ha sido
dar crédito fácilmente
a los
sucesos previstos;
pues aunque su inclinación
785le dicte sus precipicios,
quizá no le vencerán,
porque el hado más esquivo,
la inclinación
más violenta,
el planeta más impío,
790sólo el albedrío inclinan,
no fuerzan
el albedrío. Y así,
entre una y otra causa
vacilante y discursivo,
previne un remedio tal
795que
os suspenda los sentidos.
Yo he de ponerle mañana
sin que él sepa que es mi hijo
y rey vuestro,
a Segismundo
(que aqueste su nombre ha sido)
800en mi
dosel, en mi silla,
y, en fin, en el lugar mío,
donde os gobierne y os mande,
y donde todos rendidos
la obediencia le juréis;
805pues con aquesto consigo
tres cosas, con que respondo
a las otras tres que
he dicho.
Es la primera, que siendo
prudente, cuerdo
y benigno,
810desmintiendo en todo al hado
que dél
tantas cosas dijo,
gozaréis el natural
príncipe
vuestro, que ha sido
cortesano de unos montes,
815y de
sus fieras vecino.
Es la segunda, que si él,
soberbio, osado, atrevido
y crüel, con rienda
suelta
corre el campo de sus vicios,
820habré yo
piadoso entonces
con mi obligación cumplido;
y luego en desposeerle
haré como rey invicto,
siendo el volverle a la cárcel
825no crueldad,
sino castigo.
Es la tercera, que siendo
el príncipe
como os digo,
por lo que os amo, vasallos,
os daré
reyes más dignos
830de la corona y el cetro,
pues serán mis dos sobrinos;
juntando en uno el
derecho
de los dos, y convenidos
con la fe del matrimonio
835tendrán lo que han merecido.
Esto como rey
os mando,
esto como padre os pido,
esto como sabio
os ruego,
esto como anciano os digo;
840y si el Séneca
español
que era humilde esclavo, dijo,
de
su república un rey,
como esclavo os lo suplico.